20 feb. 2018

Poema N° 15


Poema N° 15

Un trazo de serpiente;
                            el jaspe llega al mar.
La piedra dura se deshace con tiempo;
la piedra joven es arena,
no nace sino se fricciona contra otras;
vive y
muere prematura.
Viaja libre y no la detienen fácilmente las ramas de los árboles
porque sus uñas son afiladas,
entonces es mejor quedarnos así,
dijeron
y nadie les creyó.
Fue algo muy duro para todos.
El viento es una forma cuántica de la ola
o la ola misma que se detiene;
la gente no ha parado de irse;
el café se ha desatado;
todos se preguntan por la última situación donde sucedió lo mismo.
Un cambio.
Un arsenal de voces difícilmente entendibles.
No son de aquí,
me dije en silencio.

Respuesta


Yo no sé si el silencio
sea objetivo.

19 feb. 2018

Poema N° 14

Poema N° 14


Dulce veces tres;
así empezaba el silencio desagarrador en la sala;
tus manos de ciruela.
Ahora este manicomio de luces.
Me llamaste amor tan temprano que fue ayer;
no quise escuchar tus consejos.
En algún lugar estuvimos escritos.
Tus siete mitades guardaban una maleta;
poco a poco has sanado,
jengibre
le dijiste que están bien
pero no las consigo en ninguna parte
acaban de aparecer no más.
En la mañana todo es distinto;
más aire reunido sobre la ventana
es el invierno la lluvia;
las manos detrás de la bandeja donde hemos disparado,
la nube y los bits.
Te acercaste con tus palabras poliédricas
y tu sed de venganza
por haber nacido en este lodazal de abrazos.
Jamás miré tanto odio pegado del panteón
mientras estuve fuera de mi boca.
Caí y pronuncié unas palabras;
solo mis ojos se detuvieron frente a mis ojos.
El juicio de estar acabado de repente
los murciélagos
y no más país, no más guerra
ni palabra con baños de excremento.
No es aprender a pararte.
Hemos elevado nuestras oraciones;
ahora menos
lo mandaste a cancelar y transmutar.
La piel te arde sola como el dorso de las enciclopedias.
Esos animales también están aquí;
nos rodean a diario las colmenas de pájaros hambrientos.
Han regalado papelitos con frases
y se han ido
con la sangre de las arterias en un bodegón.
Ya no se puede beber tampoco
ni reír;
era la madrugada un punto en el infinito;
me voy a parar con mis dedos enterrados en la montaña.
Mírame de pie que estoy
sin ti
y me muevo bajo las canciones
como un gran arquitecto de nubes.
Lo expresé de esa forma,
lejos de los carbones encendidos de la infancia;
todo
en los cuadernos.

11 feb. 2018

KEITH JARRET: Un hombre visitado por la poesía.


Ya no podré ser libre; los lagartos todavía se arrastran. No vuelan y dibujan gestos alegres, como de un cisne traído por el viento. Era una época donde todos vivíamos con un montón de ramas en la boca. Se nos achicharraron las manos; éramos torpes y algo hambrientos. Después crecimos con un frasco de vidrio empuñando los abismos. Se nos juntaron las ojeras. Fue un tiempo que no tenía nada que envidiarle a los fusiles. Deténganse, dijo el forastero y se murió. Los años se parecían a una estela de huesos. Los mismos que hoy se peinan los dientes como diciendo “qué pasó” y ya nadie les cree. Eso me han dicho porque yo no leo las noticias. Luego comencé a pegarle alaridos a un piano y la gente nos intentó separar -pensaría que estábamos peleando de verdad y no era así-. Yo crecí viendo películas de vaqueros, por eso la pistola en la cintura. I shot the sheriff. Recuerda que así fue nuestra crianza. Por eso yo me rebelé contra las teclas y les dije: ahora yo soy el algoritmo, y como ellas no me entendieron, se pusieron en mi contra. Mamaguevo me dijo una. Un Bemol me dijo que me iba a pegar unos tiros. De dónde tú crees que soy yo. Que yo nací debajo de las piedras. Yo crecí viendo peleas de navajas. Llegó un momento en que me paré y le clavé los dedos a los marfiles. Allí fue cuando entendí que el piano era una mujer. Estaba mansita la madera, me refiero al cajón de resonancia; cuando yo le decía algo me respondía como tenía que ser, como cuando domaba los caballos; si tú tienes miedo, él va a saberlo. Entonces no tuve más miedo y le di donde era a la tecla en cuestión y nos quisimos mucho. Les explico, ella era como de cabellos marinos y se vestía de rosas y yo la amaba mucho pero no se lo decía. Era como un delfín colgando de un ojo. Pobrecito yo que sufría de silencio, porque la música tiene que sonar siempre. Las blancas y las negras suenan con la misma intensidad de las palabras que pronunciaba. Yo nunca había entendido esto de las manos tan frías y mientras más rápido pasaba el tiempo más rápida se hacía la espera. Eran días relucidos, días de caminos de hortensias, y playas embriagadas de son. Cuando la gente me veía pegando poemas como loco por la calle yo los miraba con su alma de lástima; cómo se puede ser tan ciego; cómo se puede estar enamorado de una serpiente enrollada sobre un nido de tiempo y no estar loco, me han respondido. Confieso que le acaricié hasta la última nota donde no hay más nada que hacer sino suspirar como un vientre encinta. Yo que jamás supe qué es el amor; que anduve perdido sobre una balsa de tiempo; que no entendí el río de piedra que bajaba por sus pensamientos. No. Justamente en ese momento yo necesitaba beber agua para no morirme de sed; buscar unas migajas de pan debajo de los contenedores y a veces llevarle una. La canción se nos fue poniendo más triste, más triste. Más triste que un helado en una vidriera, imagínense entonces de qué les estoy hablando. La pájara del pentagrama entonó una canción de Ed y tenía como 18 años cuando eso. Se despidió, se llevó cada una de las notas. Se arregló el diente que era un sí bemol. Ella es la música sin pianista.



5 feb. 2018

Poema N° 13











Vendo poemas usados.
Véalos bien.
Revise que no tengan magulladuras.
No acepto devoluciones;
los traje en el bolsillo.
Veinte.
Diez y diez.
Todos con sus ventanas de piedra.
Abominables comediantes.
Una flor
o muero o salto el pacífico por una caricia.
Yo se los muestro.
La cal es de los libros.
El rostro.

29 ene. 2018

Poema N° 12
















En el desierto nadie apaga la radio.
Escuchas cien cigarras dormidas,
vienen a esconder                     
                        el cerebro bajo las piedras
dobla los ojos
agarramos los lápices también,
stop.
Ellos pasan como a las 11,
se llevan el aire y lo pegan de las cortinas.
Los murmullos.
No eran ellos pero estaban escondidos,
es decir
                               en parte sí eran ellos.

29 dic. 2017

Poema N° 11



No puedo cortarme la yugular;
                             me amputaron los libros.
Cielo de córtex.
Tres veces uno.
Las monedas respiraron el resto
                                     con su piel atigrada.
Tienen una cicatriz en el anfiteatro;
Te pregunto si estás,
no te quito la mirada de los dedos;
                                 otra vez diste la vuelta.
Llámame cada vez que te sangre
pero avisa;
 quiero oler tu versión html.
Rápido.
El país que tú soñaste
            está cayéndole a patadas a la puerta.
Cuenta hasta diez.
Son los mismos que hablaron;
los murciélagos se quedaron con los textos.
Me refiero a la poesía que no puedo repetir.
Pero tú te acuerdas.